¿Sabes qué es lo peor de la procrastinación? Los que te obligan a procrastinar con ellos. Discusiones (reuniones) de dos horas donde no lleva a ninguna parte, modificaciones del producto infinitas, diseños que se modifican con el paso del tiempo sin rumbo ni dirección. <<¡Capitán! ¿A dónde nos dirigimos? - No sé, lo que sí sé es que quiero un barco así >> .

Si hay algo que me encanta es aprovechar el tiempo (tiempo que quizá estoy perdiendo ahora mismo escribiendo esto), pero tengo de fondo Netflix, los dedos van como locos y recuerdan mi faceta de escritor, por contra, no sé cómo condensar / encriptar la información para que sea medianamente entendible sin nombrar absolutamente nada. Así que vamos, allévoy!

Odio cuando consideran que debo dar gracias por valorar mi trabajo, o valorar el trabajo de otros cuando se hace de manera incorrecta. Para lo primero, gratificar mi trabajo mediante comparaciones en las que se magnifica a actores secundarios es, cuanto todo, absurda. Ejemplo no críptico: << ¡Ves! Al final lo has acabado haciendo perfecto. Si es que con mis directrices... >>. 

Me siento, ahora mismo, engañado. O, al menos, esquivando triquiñuelas entre la parte contratante de la primera parte de los hermanos Marx. La empresa, crece, evoluciona, y cuando tu parte era considerada un pilar fundamental, recibes elogios, y nada más. Tu valor activo real pondría en pie a Bourdieu y Passeron.

La segunda parte contratante es frustrante. Si no valoran tu trabajo desde el primer día, no te van a valorar el último (y esto ha sido solo fallo mío). El error ha sido, sin más, no reconocer la variante correcta, llevándome a casi perder la partida. 

El tiempo, la tercera parte de este monólogo. El tiempo es valioso, y más cuando buscas tiempo para dedicar a cualquier otra cosa. Algunos buscan tiempo en sí mismo y otros tantos buscan de qué manera quitar el tiempo al resto. Esto último entendible en tres opciones a la cual peor: una, sentirse menos procrastinados, dos, arrastrarte al fango para acabar ambos en el barro, y tres, creerse con derecho a tu tiempo, a tí. 

La larga lista interminable no acabaría nunca y cada vez mi vida de programador se parece a una caricatura de Dilbert.